Cuento Corto – La Familia

La familia
Autor: Israel Rodríguez

 

A lo lejos se ve caminar a la familia Smith, si no se les conociera se podría decir que vienen de un funeral, caras largas, meditabundos, tratando de no cruzar palabra o interactuar lo mínimo posible con cualquier otra persona; algunas personas podrían juzgarlos de antisociales, y no se les puede culpar, la gente tiende a ser prejuiciosa de lo que no entiende, pero esta familia, como todas las familias, tiene una historia, una razón por la que son lo que son, y ésta, es la historia de ellos.

No hace mas de unos treinta años atrás, el señor Ian, Ian Smith contrajo nupcias con la señorita Montgomery, Ellen, ella, como es tradición, renunció a su apellido de soltera para convertirse en la señora Ellen Smith, juntos formaron un matrimonio envidiable a eso de los años veinte, claro que las cosas eran algo diferentes a principios del año 2020 de lo que son ahora.

El matrimonio era idílico, un cuento de hadas para niñas lleno de cariño, amor y todas esas cosas que alimentan los sueños de las pequeñas niñas justo antes de ir a dormir, en el que la princesa encuentra su príncipe azul y son felices por siempre jamás; desde luego, y como era de esperarse, eran blanco de las envidias de algunos vecinos y familiares, pero eso no detuvo nunca a Ian y a Ellen de vivir su historia fantástica juntos.

Al año siguiente de su matrimonio, nació un pequeño niño, lo llamaron Monty, en honor al apellido de soltera de Ellen, era el gran orgullo de Ian, fuerte y saludable, inteligente para su corta edad y lleno de vida, todos los domingos salían a pasear al parque los tres, y Ian se desvivía por atender a Monty, por jugar con el y demostrarle todo su amor. Compraban algodones de azúcar, globos, corrían por los verdes pastos, y cuando estaban cansados un delicioso helado de crema con una galleta crujiente cerraba el día.

Cuando Monty cumplió sus tres años, justo al terminar su fiesta de cumpleaños, cuando todos sus amigos y primos se habían ya retirado, y el pequeño ansioso deseaba ya rasgar todas las envolturas de los copiosos regalos que había recibido, Ian, con una sonrisa innegablemente enorme se acercó y lo tomó del hombro, lo detuvo y llamó su atención, Ian se sentó junto con Ellen frente al pequeño Monty, cuya atención vagamente se podría centrar en sus padres teniendo tantas tentaciones al rededor, así pues, ambos padres le hablaron con lágrimas de felicidad en sus ojos y le dieron un regalo de cumpleaños que hiciera a Monty olvidar aquella montaña envuelta en papeles de vivos colores, le dijeron con palabras sencillas, que pudiera entender un niño, que la familia iba a crecer, que el tendría un hermano menor y que los cuatro iban a ser muy felices, el niño no podía creer la noticia, y contrario a lo que cualquiera podría pensar, se lanzó en un abrazo a sus padres y los tres lloraron de felicidad, Monty de verdad anhelaba un hermano mas allá de todos los regalos del mundo, la felicidad de esta familia era imposible de manchar.

Siete meses después nació el nuevo miembro de la familia Smith, todo había sido una sorpresa hasta entonces, aun con los medios tecnológicos para reconocer el género de la criatura, Ellen y Ian, pero principalmente Ian decidieron no adelantar la sorpresa y prepararon a Monty para que también estuviera de acuerdo, e increíblemente Monty no le importaba que fuera un niño o una niña, el simplemente estaba preparado y enormemente emocionado por convertirse en un hermano mayor, el fantaseaba con pasarle todo su conocimiento a su hermano o a su hermana, el le diría que el sabe mucho del mundo, que descubrió que si comes muy rápidamente un helado, éste te congela el cerebro, que si a una cometa no la sostienes bien, puede escaparse, pero siempre la encuentras atorada en un árbol de la siguiente calle, que no es bueno bajar a la nevera pasando de las diez de la noche, mas aun si lo haces para comerte el pastel que esta guardado, porque además que termina doliendo el estómago, mamá o papá siempre se dan cuenta, aunque el no entiende como es que lo hacen aún.

El nuevo miembro de la familia Smith no era nada menos que una hermosa niña, de cabellos castaños y rizados, ojos verdes como los de su madre y la sonrisa pícara y coqueta de su padre, aunque no cabía duda que el parecido que mas guardaba era con su padre, y probablemente haya sido esa la razón que decidieron nombrarla Ili, ligeramente parecido a su padre, pero sin dejar a un lado la feminidad que siempre le coronaba, creció para ser una niña muy dulce y adorada, su padre siempre estaba celoso de ella y la cuidaba de hasta el mas mínimo detalle, desde luego con ayuda de Monty quien no la dejaba de ver y admirar, y aún a sabiendas que la niña aún no le entendía el le recitaba todo lo que hacía durante la mañana, la tarde y la noche; cuando iba a la oficina de papá a todos los compañeros de trabajo los embelezaba con la forma en la que se expresaba de su adorada hermana, hablaba de lo hermosa que era, de lo simpática que todo el tiempo era de lo lista que se estaba volviendo, claro siempre diciendo al final que todo se lo había aprendido a él.

No había pasado mucho tiempo, Ili tenía dieciocho meses y Monty cinco años cuando de nuevo una bendición llegó a la familia Smith, Monty estaba extasiado, ahora sería hermano mayor no de uno sino de dos niños, el le hablaba a Ili de que si era niño le enseñaría a jugar con el lodo y a caminos en la tierra para sus carritos, pero que si era una niña las cuidaría siempre a las dos y las protegería como el hermano fuerte que el había sido hasta entonces, la pequeña Ili era muy joven aun para entender la situación, pero una sonrisa y un pequeño balbuceo ya mejor articulado demostraba que también la niña era feliz.

Pero las historias tan felices tienden a tener un giro trágico; durante el tercer embarazo de Ellen, ella sufrió de mas malestares de los que sufrió con los otros dos niños juntos, visitas constantes al médico y largos internados por complicaciones inexplicables, Ian cargaba con sus dos niños al hospital, y como los buenos niños que eran se mantenían quietos entendiendo que el hospital no era un patio de juegos, lo mas que se oía era un grito de Ili e inmediatamente su hermano pidiéndole silencio y tratando de entretener a su hermana mientras su amante padre veía por su adorada esposa.

Las semanas pasaron y las cosas empeoraron, tanto que el día del parto Ellen no pudo resistir y falleció, aunque el niño que llevaba en sus entrañas sobrevivió, aun teniendo que pasar algunos días en la incubadora, Ian lo veía con mucho amor y mucha tristeza, era su hijo, el último que le podría dar su adorada esposa, y así los tres niños eran el reflejo completo de la felicidad que había vivido con Ellen en ese corto tiempo; tanto que el día del funeral, teniendo a sus tres niños vestidos de blanco, mientras todos vestían de negro, después de un amargo llanto le juró dentro de su corazón que lograría criar a sus hijos honrando la memoria de su mujer.

Los años pasaron y Ian hacía malabares para equilibrar la vida de padre viudo con el trabajo, pero no estaba solo, porque el amor y la educación que les había dado a sus niños había dado frutos, Monty, a sus 15 años era muy responsable y apoyaba a su padre con todo lo que este podía, inclusive con la comida, cosas fáciles de hacer pero que promovían una buena alimentación eran su especialidad, ensaladas, frutas, toda clase de verduras; era un mago al momento de hacer algún plato diferente a partir de los restos de la comida de un día anterior, sándwiches de pavo, ensaladas de pollo, su imaginación culinaria era muy vívida para un chico de tan corta edad, pero el poder de la responsabilidad hacia su padre y sus hermanos era mas fuerte.

Ili, a sus 12 años era una niña muy cuidadosa y sobretodo muy limpia, ella, con ayuda de su hermano Elías hacían todos los deberes de la casa mientras que papá estaba trabajando, barrían, trapeaban, lavaban los trastos, lavaban la ropa, cualquier cosa por ayudar a su padre. Ian había envejecido prematuramente por la responsabilidad y la ardua labor de criar a tres niños, o mejor dicho, a tres excelentes niños, y todo el esfuerzo había valido la pena.

Cada uno de los diez años que habían transcurrido habían sido tortuosos para Ian, porque el día que debiera ser el mas feliz de Elías, también representaba el mas triste para todos los demás, aunque siempre fueron cautelosos y responsables por no dejar de Elías asociara lo ocurrido, después de todo, el cumpleaños de un niño no es algo que se deba agobiar con el recuerdo de un difunto, pero el décimo año, por el error de un tío, hermano de Ellen, en el cumpleaños de Elías, eso que tan celosamente habían guardado, salió a la luz.

Este hombre ofreció un brindis a la memoria de su fallecida hermana, y lo dijo a todo pulmón, haciendo referencia que el mismo día que nació Elías, Ellen, una gran mujer, había muerto, no se dio cuenta de su error, y hubiera continuado su discurso sino es porque Elías se hizo pequeño en la silla que estaba sentado frente a su pastel, se escabullo por debajo del mantel, y antes que pudiéramos habernos dado cuenta estaba ya encerrado en su habitación, y no salio de ahí sino hasta el día siguiente, por la tarde, sin duda porque el hambre lo había vencido.

Después de comer algo, cualquier cosa, excepto el pastel de cumpleaños, Ian y sus hermanos le llamaron a la sala de la casa para charlar con el, se le explicaron las cosas de la mejor forma que se le puede explicar a un niño de diez años, mientras que sus hermanos estaban cada uno a un lado de el, tomándole las manos y abrazándolo para darle todo el apoyo, que era lo que mas necesitaba en ese momento.

Ese día todos notaron un cambio en Elías, se volvió huraño, poco a poco mas malhumorado, y ligeramente problemático, Ian tuvo que encontrar la forma de hablar con el director del colegio por los problemas en los que Elías se había metido en tan corto tiempo, una rebeldía mas que comprensible, tanto para el director como para la familia de Elías, inclusive el psicólogo de la institución fue quien mas apoyo le trató de brindar a Elías, pero poco se pudo lograr de esa situación.

Cada día Ian se veía mas cansado, y con el problema de Elías el dulce papá perfecto comenzaba a desquebrajarse y derrumbarse en mil pedazos, tendría que buscar una forma de encontrar una ayuda extra, algo que le aligerara la carga de educar a sus hijos, mas no que se la retirara de sus hombros, el, mas que nadie, sabía que sus hijos eran su responsabilidad y que nadie mas debía de llevar esa labor. Entrevistó institutrices, tutores y personal de compañía, pero ninguno le satisfacía sus exigencias.

Dos años habían pasado desde el incidente en el cumpleaños de Elías, el cual por cierto dejó de celebrarse por petición de el mismo Elías; ese día Elías tomaba una ración suficiente de comida, y se subía a la azotea de la casa, si era día de escuela, simplemente no asistía, y se quedaba todo el día, desde que el sol salía hasta que se ocultaba arriba, si alguien trataba de ir con él, lo veía, no decía nada, se sentaban junto a el a ver el horizonte y después regresaban a la casa, pero no Elías, que no bajaba sino hasta que anochecía.

Ian, muriendo por dentro de preocupación por Elías, y buscando desesperadamente ayuda al ver que su hijo moría por dentro lentamente encontró un anuncio en el diario local: EB Electronics versaba el anuncio y prometían la creación de personal hogareño revolucionario, como nadie lo había logrado fabricar hasta ahora, un androide hecho de aleaciones de diversos metales resistentes y tejidos humanos cultivados para darle la apariencia mas humana posible, con una inteligencia artificial tan minuciosa que se apegaba a cualquier psique humana, pero auto conscientes de su entorno, por lo que nunca olvidarían que son un ayuda para el ser humano y no un humano como tal.

Ian habló de ello con los niños, y como era de esperarse Monty y Ili estuvieron de acuerdo confiando en la decisión de su padre, pero Elías, escéptico y un poco amargado por las experiencias vividas en los últimos años lanzó un no rotundo a la idea, aun así, aún era un niño obediente y accedió a ir con su padre y sus hermanos a la tienda para ver el producto, aunque la negativa de la propuesta era inamovible.

La tienda se había establecido, afortunadamente a pocas cuadras de la casa de la fracturada familia Smith, solamente se tenía que cruzar la avenida principal, que no era una vía peligrosa de cualquier forma, el tránsito vehicular no era muy pesado en ese lugar, y el local no se veía diferente de los demás que se podían ver al rededor, inclusive, los letreros eran muy discretos sino es que casi inexistentes, así que si no sabía alguien que se vendía ahí, no había razón para entrar de cualquier forma.

Al cruzar el umbral de la puerta luces blancas muy brillantes iluminaban ese pequeño local el cual estaba cubierto en su vitral del frente por una gruesa cortina café, así que no había forma que la luz natural penetrara, pero así mismo las miradas de los paseantes. Dentro el panorama era algo perturbador y ligeramente grotesco, al menos para los estómagos débiles, habían piezas, desde luego de robots, desmembradas, colocadas estratégicamente en vitrinas para su selección, y una figura pálida en el centro, por completo inmóvil, pero que al verles entrar retomó movimiento.

Les saludó y les explicó el objetivo de la tienda, les dijo que todo eso que veían eran las piezas de las que eran conformados los androides, se podía elegir el color de piel, la complexión, el pelo, todo, desde los detalles mas genéricos de apariencia hasta los mas sutiles, como la tersura de la piel o la densidad de sudoración si así lo requería un cliente, todos desde luego aunados a una minuciosa inteligencia artificial de entre mil para escoger, con diversas habilidades programadas para hacer la compra lo mas parecida a lo que el cliente pudiera imaginar.

Los niños más grandes, emocionados por la idea comenzaron a escoger piezas, aparentemente al azar: cabello rubio, ojos verdes, brazos delgados y suaves, estatura media, sonrisa franca, labios delicados… cuando Ian armó todas esas características que oía a Monty y a Ili elegir, se dio cuenta de algo y lágrimas comenzaron a correr de sus ojos. Elías, por la curiosidad se acercó con sus hermanos y vio en las manos de Monty una fotografía de su madre, la cual se la arrancó de sus manos y le gritó como nunca antes Elías le hubiera gritado a alguien, reclamándole que nadie podría suplantar a su madre, y que el era el culpable de que todos fueran huérfanos, acto seguido Elías salió de la tienda y tras de él, Ian, preocupado por si hijo.

Atónitos por lo sucedido, Monty e Ili se quedaron inmóviles por unos minutos, y Monty haciendo uso de su memoria continuó eligiendo todas las piezas necesarias para completar el modelo y las características dentro de todos los catálogos. Justo al haber terminado de seleccionar lo que los niños eligieron, Ian regresó, inexplicablemente cojeando, les dijo a los niños que lo esperaran afuera y tuvo unas palabras con el encargado de la tienda, después de eso se regresaron muy lentamente y con mucho trabajo a casa, Ian estaba fuertemente lastimado, pero no les explico a los niños la razón.

Exactamente dos días después, mientras Monty y Ili se encontraban jugando al frente de la casa con algunos de sus amigos, llegó una camioneta de reparto, y de ésta, dos hombres sacaron una caja de espuma de poliuretano, la abrieron y de dentro del empaque salió una mujer hermosa e impecablemente vestida, inclusive llevaba un elegante sombrero que le daba un aire de sofisticación. Acto seguido los hombres se fueron, no solicitaron una firma de recibido ni algún otra prueba de haber entregado la mercancía de forma correcta, tan pronto se fueron un zumbido ligero se comenzó a escuchar y la mujer comenzó a moverse; volteó a la izquierda y volteó a la derecha y tras reconocer el área se dirigió a los niños.

Logró reconocer, de entre los niños, quienes eran Monty e Ili, les dio la mano y les pidió que le dieran un nombre, que era necesario para su correcto funcionamiento, estaban pensando que nombre darle, cuando en la puerta principal apareció Ian apoyado por un bastón, vio a la muñeca y recordó con mucho cariño a su ya fallecida esposa, cortésmente el robot se presentó ante Ian y notó que alguien espiaba de entre las cortinas, llamó a Elías para que también estuviera con su familia al momento de ponerle un nombre, a regañadientes el niño bajó manteniendo en su foto un papel arrugado, como una fotografía, la fotografía de su madre que le había arrebatado a Monty el día que visitaron la tienda.

De nuevo el robot le preguntó qué nombre deseaban que fuera por el que ella atendiera, a lo cual Monty aprestó a decir Hellen, y rápidamente excusándose que no era el mismo que ellos creían, porque tenía una ‘h’ antes, al oír eso, y antes de esperar una explicación Elías le lanzó el papel que tenía en la mano a Monty y se echó a correr sin rumbo, Ian se disponía a seguirlo, pero la robot lo detuvo, y le pidió que mejor metiera a los niños a casa, que ella se haría cargo de eso, dado que de cualquier forma, en su condición le sería mas difícil darle alcance a Elías.

Haciendo uso de sus habilidades robóticas, rastreó a Elías hasta la avenida principal lo vio llorando en la acera, sentado en el suelo recargado de una pared, se acercó con cuidado y hablaron por varios minutos, demasiados, todo iba bien, y habían logrado arrancarle una sonrisa de los labios de Elías, sonrisa que tenía ya años sin aparecerse en su joven rostro, cuando la robot trató de recogerle el cabello del rostro, Elías sin razón se molestó y de nuevo se echó a correr, ahora hacia la avenida, pero sin voltear a ver hacia donde iba, o específicamente un autobús que justo aceleraba y que pasó por encima de el sin darle oportunidad de reaccionar. El niño había muerto.

La robot tomó al niño en sus brazos y entro a la misma tienda de donde había salido, estaba a pocos pasos de ahí.

La robot regresó a casa, sola, y muta ante las constantes preguntas de la restante familia Smith, comenzó a preparar la cena, y no dio mayor explicación a la preocupada familia, simplemente hacía lo que ella había estado programada para hacer: atender una casa. La familia habló a la policía y a los vecinos porque la robot simplemente decidió no hablar.

Dos días después, un oficial de policía tocó a la puerta de los Smith, y la robot abrió, compartió unas breves palabras con el oficial, ella firmó algunos papeles, presuntamente unos informes, y el oficial se retiró sin mayores preguntas, la robot se inclinó para revisar al niño y todo se veía en optimas condiciones, inclusive considerando que la ropa que llevaba el niño se veía algo sucia y maltratada, pero eso no parecía importarle a ninguno de los dos.

Tomó al niño de la mano, quien dócilmente accedió y caminaron juntos por el umbral de la puerta de la casa, ante el resto de la familia, quien atónitamente lo vieron y se lanzaron con muestras de afecto por la preocupación que les había generado su ausencia, se otorgaron disculpas de parte de la familia hacia el pequeño y del pequeño hacia todos los demás. Sin decir más palabras, la robot se dirigió hacia la cocina a terminar de preparar la cena.

Llegada la hora de los alimentos, todos juntos se reunieron alrededor de la mesa como normalmente se acostumbraba, y el pequeño recién llegado solicitó la palabra, primero que nada reiteró todas las disculpas, por haberlos preocupado tanto, e hizo un gran énfasis en las disculpas por su comportamiento constante durante los pasados años, explicó cosas que habían sido inexplicables hasta entonces, tal como que en su cumpleaños se aislaba porque le pesaba en extremo en el corazón que se festejara cualquier cosa el mismo día en el que su madre había partido para la familia.

Con lagrimas en los ojos todos los comensales decidieron que era hora de ingerir alimentos, y haciendo notar que el niño tenía días sin comer propiamente les causó extrañeza cuando el se disculpó por carecer de apetito, y por el contrario pidió permiso para retirarse a su habitación. Sin esperar a que se le fuera solicitado, la robot se apareció cerca del comedor y expresó su deseo por llevarle algo de alimento a la habitación, a lo cual el joven, a media escalera asintió y solamente dijo “Gracias Hellen”.

Llegada la noche, Ian fue a la habitación de Elías, y usando la sensibilidad que solo un padre tiene hacia sus hijos lo arropó, le dio un beso en la frente y lo abrazó, para después darle rienda suelta al llanto toda la noche a un lado de la cama de su hijo.

Desde entonces la vida de la familia Smith cambio significativamente, aun se pueden ver a todos saliendo juntos los domingos, al frente el vigoroso Monty convertido ya en un joven atractivo de cerca de 30 años y responsable, de mano de su prometida Jeannette, un poco detrás la feliz Ili, casada ya con un pequeño de meses el cual le ayuda a criar amorosamente su marido Simón, y atrás de ellos Ian quien ya con el peso de los años le cuesta trabajo mantener el paso de sus hijos, pero que nunca lo dejarán solos Hellen y Eliot, su, desde aquel día, familia eléctrica.

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